Cigarras vs Hormigas
N - VI

No sospechan:
xxxxxxxxxxxEl rádar de la de-ge-te.
xxxxxxxxxxxLos camiones incesantes contra tacógrafo.
xxxxxxxxxxxLas cosechas abandonadas en los brazos del subsidio.
xxxxxxxxxxxLas miríadas de insectos, y algún mamífero, atropellados.
xxxxxxxxxxxLos atardeceres cinemascope (panorámicos) a la vista.
xxxxxxxxxxxLa naturaleza adocenada.
xxxxxxxxxxxEl inmemorial estraperlo de sexo.
xxxxxxxxxxxLos abrevaderos de gasolina, las paradas y las fondas.
xxxxxxxxxxxEl de turno que ayer casi nos mata.
xxxxxxxxxxxLos avisos fluorescentes de peligro o de auxilio.
xxxxxxxxxxxLos pueblos únicamente hilvanados al medio.
xxxxxxxxxxxLas continuas molestias disculpadas en aras de una mejor red viaria.
xxxxxxxxxxxLa maraña de niebla en la cima del puerto.
xxxxxxxxxxxLa espectacular iluminación del bienestar desde las estribaciones de la sierra.
xxxxxxxxxxxEl acompañamiento herciano que llevo.
No saben, no,
xxxxxque un enamorado viaja
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa cien kilómetros por hora
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpor la nacional seis
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen su utilitario blanco.
Amor in itinere... Que pasa...
Cunnilingus al estilo documental de animales de la 2
Lo único que sé

A diferencia del gran Sócrates, que sólo sabía que no sabía nada, yo sí sé algo. De hecho es lo único que sé.
Y creo que toda nuestra vida ha de ser una consecuencia de esa certeza.
Urbano (1)
Aquí, independientemente de su tamaño, los asentamientos humanos secularmente han originado un elemento para encauzar buena parte de la vida social de la comunidad: el bar. Este símbolo de civilización nos ha estructurado la intra-historia, siendo reflejo de la situación de los pensamientos y pasiones colectivas. Viendo la raigambre de la institución en las rutinas de las gentes, uno da en fechar su germen en la noche de los tiempos, y se imagina, a modo de origen del invento, la escena ancestral de un grupo de homos departiendo alrededor de una de las hogueras que iluminan tenuemente el orbe que implacable se les echa encima, compartiendo alimento, miedos, alguna sustancia psicotrópica, experiencias, esperanzas y sentimientos.
El bar, en todas sus acepciones de taberna, chupitería, club, garito, disco-pub, cervecería, chigre, sala de fiestas, pulpería, tablao, venta, cafetería, asador, bar de copas, tugurio, figón, discoteca, chiringuito, bocatería, choco, restaurante, cantina, burger, pub, salón de té, bodega, bodeguilla, bodegón, fonda, hogar, chiscón, merendero, cabaret, quiosco, barra americana, café, sidrería, sindicato, mesón, tetería, café-cantante, güisquería, chocolatería, casino, tasca..., ha ido infiltrándose sin distingos en el tejido social, existiendo, además de individualmente, en simbiosis con las especies más insólitas, lo que le ha hecho ser cómplice de los hombres en multitud de facetas. Así, es docto en las universidades, aséptico en hospitales, maestro de ceremonias universal, glamuroso entreactos, baño público, político en sindicatos o sociedades o casas del pueblo o parlamentos o palacios, luctuoso en los tanatorios, refugio del inclemente meteorológico, trashumante por las fiestas patronales, arriesgado en casinos, desfogadero sexual, gastronómico desde luego, jerárquico en los cuarteles, laboral como oficina, asociativo en peñas y hermandades, folklórico en centros regionales, ecuánime en los juzgados, sala de lectura-biblioteca, penoso junto a prostitutas y proxenetas, móvil en los cócteles, inestimable de consulta psicoanalítica popular, acogedor en los hoteles, musical albergando conciertos, foro de libre expresión en tertulias, destino cuando no se sabe o no se tiene dónde ir, católico pegado a iglesias y, por dar término al chorreo, cotidiano dentro del mueble del salón de cada casa.
Urbano, atávico, iba a bares.
Vida juntos
el uno para pies mientras espera
al otro que marchó, camino en vena,
buscando lo que fuera eso que fuera.
Tolondros al desboque de unas velas
salvajes por la falta de tutela
que fijan los destinos sin estrellas
polares en el mar de las ausencias.
Ocurre que el viajero titubea
al tiempo que el prudente se envalenta,
sabiendo terminar con la tontera
si uno echa a andar y otro regresa.
El fin de todas las polémicas
“Es que lo que pasa es que no se deja al mercado libre”, me pueden argüir. ¿Y qué es eso de dejar al mercado libre? Me pregunto. Decir mercado libre es decir nada, vamos a ver, los mercados libres no existen, son una leyenda urbana. El mercado no es una de las leyes de la física, el mercado no viene dado como el clima, en el Génesis no se dice que Dios creara el mercado. El mercado es un ingenio de los seres humanos hecho por ellos a su imagen y semejanza, reflejo de todas sus grandezas y de todas sus miserias. Teniendo esto claro, tan inocente es creer que un grupo de personas lo van a compartir todo en paz y armonía, como pensar que un grupo de personas jamás va a inmiscuirse en el sacrosanto mecanismo de la competencia perfecta. Y en todo caso, si para conseguir que el mercado sea libre hay que introducir una férrea legislación de control y castigo por parte del estado, ese mercado ya no será libre, será reglado, obteniéndose precisamente lo que se detestaba.
Cuando un conjunto de personas confluye para lo que sea, confluyen sus intereses y sus pasiones (qué le vamos hacer, así somos), surgiendo entonces los problemas, pues siempre hay alguien que se siente perjudicado, o siempre hay alguien tentado a sacar mayor tajada, y ese alguien, ni va fastidiarse, ni va a dejar de sacar tajada, sólo porque sea muy solidario eso de estar todos compartiendo miserias, o porque sea inmoral eso de meter mano a esa señorita tan decente llamada libre mercado.
Y es que ambos planteamientos en su extremos son igual de falsos. Ambas utopías parten de un hombre que no existe, y que no sé si existirá alguna vez, por eso ambas se estrellan. La experiencia demuestra que tenemos serios problemas de compatibilidad entre el software (ideologías) y el hardware (personas).
¡Hala! ¡Ya está! Esto es el fin de todas las polémicas. Ahora a otra cosa, mariposa.




