Ridículo
El sentido de tu orfandad o la serena hermosura de la cotidianidad
Ahora que escampó la lluvia negra
vienes a acurrucarte en mi regazo,
gata empapada,
alegando cualquier pretexto...
“Ya sólo me quedas tú…”,
ronroneas con el hociquito metidito entre mis pliegues.
Y en ese instante
sin duda
sé:
Que bajaré al averno.
Que desoiré el canto de las sirenas.
Que avendré a los Montescos con los Capuletos.
Que construiré un arca donde resguardar a pares las fieras.
Que acometeré a gigantes aunque resulten ser molinos de viento.
Que seguiré mal versando esta pantalla en blanco sin la menor vergüenza...
Cigarras vs Hormigas
N - VI

No sospechan:
xxxxxxxxxxxEl rádar de la de-ge-te.
xxxxxxxxxxxLos camiones incesantes contra tacógrafo.
xxxxxxxxxxxLas cosechas abandonadas en los brazos del subsidio.
xxxxxxxxxxxLas miríadas de insectos, y algún mamífero, atropellados.
xxxxxxxxxxxLos atardeceres cinemascope (panorámicos) a la vista.
xxxxxxxxxxxLa naturaleza adocenada.
xxxxxxxxxxxEl inmemorial estraperlo de sexo.
xxxxxxxxxxxLos abrevaderos de gasolina, las paradas y las fondas.
xxxxxxxxxxxEl de turno que ayer casi nos mata.
xxxxxxxxxxxLos avisos fluorescentes de peligro o de auxilio.
xxxxxxxxxxxLos pueblos únicamente hilvanados al medio.
xxxxxxxxxxxLas continuas molestias disculpadas en aras de una mejor red viaria.
xxxxxxxxxxxLa maraña de niebla en la cima del puerto.
xxxxxxxxxxxLa espectacular iluminación del bienestar desde las estribaciones de la sierra.
xxxxxxxxxxxEl acompañamiento herciano que llevo.
No saben, no,
xxxxxque un enamorado viaja
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa cien kilómetros por hora
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpor la nacional seis
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen su utilitario blanco.
Amor in itinere... Que pasa...
Cunnilingus al estilo documental de animales de la 2
Lo único que sé

A diferencia del gran Sócrates, que sólo sabía que no sabía nada, yo sí sé algo. De hecho es lo único que sé.
Y creo que toda nuestra vida ha de ser una consecuencia de esa certeza.
Urbano (1)
Aquí, independientemente de su tamaño, los asentamientos humanos secularmente han originado un elemento para encauzar buena parte de la vida social de la comunidad: el bar. Este símbolo de civilización nos ha estructurado la intra-historia, siendo reflejo de la situación de los pensamientos y pasiones colectivas. Viendo la raigambre de la institución en las rutinas de las gentes, uno da en fechar su germen en la noche de los tiempos, y se imagina, a modo de origen del invento, la escena ancestral de un grupo de homos departiendo alrededor de una de las hogueras que iluminan tenuemente el orbe que implacable se les echa encima, compartiendo alimento, miedos, alguna sustancia psicotrópica, experiencias, esperanzas y sentimientos.
El bar, en todas sus acepciones de taberna, chupitería, club, garito, disco-pub, cervecería, chigre, sala de fiestas, pulpería, tablao, venta, cafetería, asador, bar de copas, tugurio, figón, discoteca, chiringuito, bocatería, choco, restaurante, cantina, burger, pub, salón de té, bodega, bodeguilla, bodegón, fonda, hogar, chiscón, merendero, cabaret, quiosco, barra americana, café, sidrería, sindicato, mesón, tetería, café-cantante, güisquería, chocolatería, casino, tasca..., ha ido infiltrándose sin distingos en el tejido social, existiendo, además de individualmente, en simbiosis con las especies más insólitas, lo que le ha hecho ser cómplice de los hombres en multitud de facetas. Así, es docto en las universidades, aséptico en hospitales, maestro de ceremonias universal, glamuroso entreactos, baño público, político en sindicatos o sociedades o casas del pueblo o parlamentos o palacios, luctuoso en los tanatorios, refugio del inclemente meteorológico, trashumante por las fiestas patronales, arriesgado en casinos, desfogadero sexual, gastronómico desde luego, jerárquico en los cuarteles, laboral como oficina, asociativo en peñas y hermandades, folklórico en centros regionales, ecuánime en los juzgados, sala de lectura-biblioteca, penoso junto a prostitutas y proxenetas, móvil en los cócteles, inestimable de consulta psicoanalítica popular, acogedor en los hoteles, musical albergando conciertos, foro de libre expresión en tertulias, destino cuando no se sabe o no se tiene dónde ir, católico pegado a iglesias y, por dar término al chorreo, cotidiano dentro del mueble del salón de cada casa.
Urbano, atávico, iba a bares.




