El primer signo inequívoco de envejecimiento es la desconfianza hacia la juventud.
Y vejestorio es quien la condena.
Mi bitácora... Mibitácora... Mi(bi)tácora... Mitácora... ¡Mi + Bitácora = "Mitácora"!
Si supieras las ganas que tengo de creer en ti, Dios mío. De salir a la calle y ver tus huellas dactilares impresas en las hechuras de todo cuanto me rodea.